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El declive era tan pequeño, que anduve cerca de una milla para llegar a la playa, lo que conseguí, según mi cuenta, a eso de las ocho de la noche. Avancé después tierra adentro cerca de media milla, sin descubrir señal alguna de casas ni habitantes; caso de haberlos, yo estaba en tan miserable condición que no podía advertirlo. Me encontraba cansado en extremo, y con esto, más lo caluroso del tiempo y la media pinta de aguardiente que me había bebido al abandonar el barco, sentí que me ganaba el sueño. Me tendí en la hierba, que era muy corta y suave, y dormí más profundamente que recordaba haber dormido en mi vida, y durante unas nueve horas, según pude ver, pues al despertarme amanecía. Intenté levantarme, pero no pude moverme; me había echado de espaldas y me encontraba los brazos y las piernas fuertemente amarrados a ambos lados del terreno, y mi cabello, largo y fuerte, atado del mismo modo. Asimismo, sentía varias delgadas ligaduras que me cruzaban el cuerpo desde debajo de los brazos hasta los muslos. Soló podía mirar hacia arriba; el sol empezaba a calentar y su luz me ofendía los ojos. Oía yo a mi alrededor un ruido confuso; pero la postura en que yacía solamente me dejaba ver el cielo. Al poco tiempo sentí moverse sobre mi pierna izquierda algo vivo, que, avanzando lentamente, me pasó sobre el pecho y me llegó casi hasta la barbilla; forzando la mirada hacia abajo cuanto pude, advertí que se trataba de una criatura humana cuya altura no llegaba a seis pulgadas, con arco y flecha en las manos y carcaj a la espalda. En tanto, sentí que lo menos cuarenta de la misma especie, según mis conjeturas, seguían al primero. Estaba yo en extremo asombrado, y rugí tan fuerte, que todos ellos huyeron hacia atrás con terror; algunos, según me dijeron después, resultaron heridos de las caídas que sufrieron al saltar de mis costados a la arena. No obstante, volvieron pronto, y uno de ellos, que se arriesgó hasta el punto de mirarme de lleno la cara, levantando los brazos y los ojos con extremos de admiración, exclamó con una voz chillona, aunque bien distinta: Hekinah degul. Los demás repitieron las mismas palabras varias veces; pero yo entonces no sabía lo que querían decir. El lector me creerá si le digo que este rato fue para mí de gran molestia. Finalmente, luchando por libertarme, tuve la fortuna de romper los cordeles y arrancar las estaquillas que me sujetaban a tierra el brazo izquierdo -pues llevándomelo sobre la cara descubrí el arbitrio de que se habían valido para atarme-, y al mismo tiempo, con un fuerte tirón que me produjo grandes dolores, aflojé algo las cuerdecillas que me sujetaban los cabellos por el lado izquierdo, de modo que pude volver la cabeza unas dos pulgadas. Pero aquellas criaturas huyeron otra vez antes de que yo pudiera atraparlas. Viaje a Liliput. De Jonathan Swift. Vale la pena leer además los otros viajes. Visite a nuestro sponsor Dandy Cleaning que se dedica la la limpieza de finales de obra. Gracias.

 

 
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Bienvenidos a e-ring

Entre el cura del Pueblo -léase Párroco- y el barbero -mezcla de enfermero y dentista - queman los libros de caballería de Don Quijote, convencidos de que la locura del Ingenioso Hidalgo provenía de tales lecturas.

En Fareheit 451 de Ray Bradbury los bomberos se dedican a la quema de libros. 451 grados Farenheit es la temperatura a la que arde el papel.  Se trata de una una sociedad totalmente dominada por los medios masivos de difusión, los tranquilizantes y el conformismo. No existe lo individual y absolutamente todas las actividades son colectivas (deportes, trabajo, ocio). Todo es aquí, ya, ahora y los tiempos propios de la reflexión no existen. En una sociedad de esta índole, los libros son un peligro para el Estado.

El Tercer Reich dedicó buena parte de sus esfuerzos a la quema de libros, con gigantesccas fogatas y multitudes asistiendo a esas "ejecuciones". Al respecto dijo Heinrich Heine proféticamente: "donde los libros son quemados, al final también son quemados los hombres·.

Actualmente existen nuevas expresiones literaria, esta vez  interactivas como los juegos de rol y de computadora, y otra vez los aspirantes a tirano ejercen la censura, la denostación, el vilipendio.

Un arma no es ni buena ni mala, depende de las intenciones de quien la empuñe.

Hasta La Biblia fué utilizada como justificación para cometer crímenes, y a nadie se le ocurre censurarla.

Saludos, y continuen disfrutando sin ninguna culpa. Si tienen oportunidad, recomienden a nuestro sponsor, Dandy Cleaning que se dedica con esmero a la limpieza en finales de obra y limpieza previa a mudanzas.

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